jueves, 15 de marzo de 2012

La chica del turbante amarillo

Son las 8. Llego a casa, pongo cuatro adornos para que se intuya el ambiente festivo, escondo la ropa que tengo tirada en la cama, busco 3 sillas plegables para que tengamos la oportunidad de sentarnos todos, preparo copas, la botella de vino y espero.

Los españoles por regla general somos impuntuales, así que la primera en llegar es Yu. Yu es una japonesa muy simpática, sonriente, amiga de Elena en Bristol que aterrizó hace un par de días en la ciudad condal. Nos sentamos, abrimos una botella de vino y aprovechamos para conocernos mientras esperamos a los siguientes invitados.

Dos copas de vino después llegan Norman, Clara, la cumpleañera, y la comida. Los 3 son artistas y hacen que dude un momento en entregarle a Alba mi regalo de cumpleaños, mi primera manualidad. Nunca se me ha dado bien recortar, pintar y pegar, así que he tardado 26 años en verme capaz de adornar un marco de fotos.

Hacemos los preparativos para la cena, felicitamos a Alba, nos resumimos nuestras últimas semanas con un simple “bien” y llegan Maria y Laits. Ya estamos todos, tomamos asiento.

Más vino, pizzas, ensalada de cous-cous, aceitunas, pastel, velas, un deseo y grandes esfuerzos para hablar castellano entre nosotros. Forzamos alguna palabra, dicha con acento catalán, y es inevitable que se nos escape la risa.

María y Yu se van y ocupan sus sillas Carla y, más tarde, Guillem. Cambiamos el idioma a catalán y acompañamos las últimas conversaciones de la noche de sabores dulces.

Las cenas en el número 139 marcan. La compañía nunca es la misma, aunque algunas caras conocidas repitan una y otra vez, tampoco lo es el idioma. Los debates son siempre interesantes, inesperados, entretenidos, en ocasiones surrealistas.

Las horas pasan sin que nos demos cuenta y pronto se acaba el día 14. Un cumple más, pero una noche menos. Una noche menos en el pisito de Aribau.

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