
Este*…
Decir adiós, salir del apartamento y coger el metro dirección Queens (importante: la N o la W que la cosa no funciona con normalidad), bajar a la 30 y andar a mano izquierda hasta la 42, girar a la derecha y ya!
Allí me encuentro con Carlitos y con la gente que durante las próximas horas trabajará sin parar para darle sentido a su historia. La curiosidad por este mundo desconocido para mi (vivir de cerca un rodaje) me ha llevado a pasar el fin de semana en una casita de Queens, donde un equipo de profesionales muy majos (pana* para ellos) se han encargado de dar forma a una idea que tuvieron 9 meses atrás. Carlitos, el gran protagonista, es un osito de peluche que ha vivido durante años encerrado en una caja. Parece que, cuando finalmente su dueño lo ha reecontrado, él no está muy contento de haber perdido parte de su vida allí dentro y decide (combinando lingotazos de tequila y citas de grandes autores) hacerle la vida imposible.
Entre cafés, bromas, cables y polvos saca-brillos todo va adquiriendo forma y sus creadores se sienten orgullosos de su trabajo. Y yo también, de poder vivir esta nueva experiencia.
El padre-fundador de Carlitos, el director Javier Perez-Karam (mente talentosa capaz de definir a “el tamarindo*” como a un fruto parecido a una uva con un toque de Jengibre y mango, cubierto por una especie de cáscara) ha estado acompañado desde el primer momento de sus incondicionales, quienes tambien han dado sentido a toda esa vaina*:
Alex Prokos, compañero de la vida de Javi.
Alejandro Ferrer, conocedor de las noches en Taboo (Madrid) y meteorólogo.
Leonard Zelig, dueño de todo mueble que pueda salir en el rodaje y jugador de futbol.
Roberto Alcázar, persona capaz de hablar sin voz y con eso decirlo todo.
Sin olvidarnos de la colaboración del recién llegado Luis, de Anabella, de Pilar, de los actores y de la gran ayuda del P.A John, sin el cual el rodaje no hubiera sido posible.
En fin, gracias por esta nueva experiencia y por mostrarme el patio delantero de vuestra casa y parte del interior. Espero veros de nuevo para que nos podamos acabar de mostrar las flores y también la porquería que esconde el patio trasero.
Espátula y un boliqueso, digo… un bolibeso!
*Más aprendizajes adquiridos en el rodaje.
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