lunes, 5 de octubre de 2009

Un café con amor

Los encargados de despertarnos cada mañana no son nuestros despertadores, ni el ruido de los coches y ambulancias, sino los trabajadores del quiosco de la calle 23. De camino a la escuela cada día hacemos una parada técnica allí para comprar nuestro café, entramos en boxes y al salir adquirimos otro ritmo, más vitalidad.

Nos conocen. Uno con azúcar otro con sacarina. Siempre mientars esperamos nos contamos la vida, al final todos somos inmigrantes en esta ciudad! Nos encantan vuestros cafés, comentamos, y nos dicen en un inglés con acento marroquí: -Porque están hechos con amor! Nos despedimos con un: -See you tomorrow! Y…

seguimos avanzando. Si no vamos tarde, nos permitimos hacer un pequeño descanso para terminar nuestra bebida amorosa en unas mesas que hay situadas en la 5th avenue, delante del flat Iron Building, a cuatro pasos de mi agencia (me verán desde la ventana?).

Retomamos el camino. Cada vez más despiertas, subimos la fashion avenue, nos quejamos de los turistas que van a paso lento y de los chicos que te intentan convencer en cada esquina de que hagas un tour en autobús, y mientras tanto aceleramos más el paso, ya no vamos tan bien de tiempo.

Pasamos por delante del Madison e inevitablemente siempre tengo que mirar hacia arriba un momento y dedicarle una sonrisa, ya queda  poco para que te vea de dentro pienso.

Nos cruzamos con la ejecutiva que se cambia las bailarinas por tacones, el vendedor de fruta que pasea su carrito, la china del restaurante de la esquina y el señor que trabaja de cartel con patas de Burguer King.

Al llegar a la calle 36 cruzamos. Una vez en la puerta de la escuela siempre es hora punta (las 10!). Hay una larga cola para coger el ascensor. Así que un día más nos toca subir andando los 5 pisos. Llegamos sin casi poder ni respirar... Me despido de Alba y me dirijo a la clase 515. Hi Lara! Me saludan. Me esperan 3 o 4 horas y media de clase (según el día) en la torre de Babel. Así que una vez sentadita y con el libro abierto me toca agradecerle a mis despertadores que un día más hayan hecho bien su trabajo (con amor).

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