miércoles, 13 de octubre de 2010

Aribau139

Después de meses y meses sin saber cómo describiros mi nueva vida en Barcelona parece que sé la manera de empezar. Lo haré desde un lugar y desde su gente. El lugar, Aribau139, a la gente os la iré presentando.

Al llegar a Barcelona Júlia, Alba y yo alquilamos un bonito (y acogedor) piso en “l’Eixample”. Destaca por sus paredes verdes en distintas tonalidades, por su comedor lleno de vida, por el olor a croissant de Can Turris que entra por las ventanas cada mañana y por la música que suele sonar en los altavoces. A menudo son melodías fruto de algún descubrimiento de Júlia o de Alba, o de las canciones que se prepara Guillem para futuras actuaciones (léase 2 meses escuchando “I don’t wanna miss a thing”). Si la encargada de la elección soy yo no sorprendo mucho. Algo de Sabina, alguna canción que sepa cantar, y que en general la sabe cantar todo el mundo, un poco de jazz o el CD de Greatest Hits de Dolly Parton (9 to 5 se ha convertido en nuestro himno de la limpieza).

En Aribau139 empezamos siendo 3 habitantes pero la familia se fue ampliando. Primero llegó Lucie, una francesa de Bordeaux amiga de Júlia del Erasmus. Pasó 2 meses en Barcelona y aportó naturalidad, grandes frases y alegría al piso. Trabajaba en El Corte Inglés de Plaça Catalunya y por las noches nos reíamos muchísimo con ella. Le encanta la comida japonesa, usar la palabra putana y escuchar a Snow Patrol (mejor que David Guetta, no Lucie?). La echamos muchísimo de menos per ha prometido visitarnos en noviembre.

Al poco tiempo se mudó al pisito Vane, Vanessa Farina. Estudiaba un master de moda con Alba y necesitaba casa por unos meses antes de volver a Venezuela, su país natal, así que le abrimos las puertas de Aribau139. Ella aportó energía, reciclaje, orden, sentimientos e ilusiones que jamás pensamos que entrarían en cantidades industriales por nuestra puerta. Nos solía dejar notitas en la pizarra de la nevera y le encantaba que conversáramos en el balcón con una copa de vino. Hicimos lo posible para que se quedara en Barcelona y sabemos que a ella le hubiera gustado pero no pudo ser y llegó el día que tuvo que volver a Venezuela. Aún así nos prometió que volvería.

Y ahora ha venido Guillem. Con la escusa de que en su casa hacen obras pasará un tiempo con nosotras. Reconoce que le encanta la felicidad y el ambiente que hay en el piso. Las bromas de Júlia, las charlas de Vane, los cuadros de Alba… Él nos aporta música, cigarros en el balcón, pizzas en el congelador, buena compañía y una figura masculina que siempre viene bien a la hora de arreglar alguna chapuza (por cierto, nos has prometido que harás algún agujero para colgar los nuevos cuadros…).
A parte de los habitantes fijos hay muchos de espontáneos que nos alegran los días y las noches en Aribau139. Como nuestra vecina Sarita, la loca de Elena, Jose, y Olga, Lula, Anna K. desde Alicante, Lollo y Andrea nuestros italianos favoritos, Roser que viene a veces de vacaciones, Jordi que nos llena la nevera de cervezas, Laits que suele hacer algún “puja i baixa”, etc.

Ahora ya sabéis donde está este rinconcito en el que nos reunimos todos y compartimos, reímos, hablamos, bebemos, nos disfrazamos, cantamos y a veces incluso bailamos. Estáis invitados a darle todavía más color. Os esperamos en Aribau139.

sábado, 2 de enero de 2010

Etapas

Cerramos una puerta para luego abrir otra. Al principio estamos torpes. No sabemos si hay que abrirla hacía adentro o hacía fuera y lo más seguro es que nos equivoquemos (aunque tengamos un cartel delante que nos guie “pull”, “push”). Aún así una segunda oportunidad siempre nos permite poder abrir la puerta correctamente. Solemos entrar despacio, asustados, contentos, espectantes. Sabes que escondía la puerta que has cerrado pero nunca sabes que tendrá la siguiente. Somos curiosos y a menudo cambiamos de habitación. Las cosas son bonitas porque tienen un final. Saber que estarás siempre en una misma habitación hace que pierda su belleza, queremos avanzar, queremos habitar en otra.

A menudo abres la puerta y antes de descubrir que esconde te entran unas ganas locas de retroceder y abrir de nuevo la puerta que hemos cerrado. No tenemos que dejar que el miedo a lo nuevo nos venza, tenemos que ser curiosos.

Por experiencias anteriores sabemos que nuestro paso por la habitación va mejorando. Al llegar todo nos parece nuevo y mantenemos recuerdos muy vivos de la etapa anterior que nos obligan a hacer comparaciones odiosas, pero a medida que avanzan los días somos capaces de encender la luz y difrutar de manera creciente. Llegamos a gozar de tal manera que cuando llegue el momento de volver a cambiar de habitación cerraremos la puerta tristes, pero contentos de la experiencia y de ver que no nos equivocamos, de que fuimos capaces de abrir la puerta de la habitación.

Otras veces nos encontramos en que hay dos puertas. Las dos del mismo tamaño, mismo color. Tenemos que elegir cual abrir y no resulta nada fácil! Intentamos dejarnos aconsejar, valorar posibilidades e incluso a veces queremos que elija otro… pero tenemos que pensar que luego seremos nosotros los que cruzaremos solos, así que la decisión es solo nuestra.


Ahora nos ha tocado cerrar una puerta, la puerta de una habitación llena de amigos, de vivencias, de recuerdos, de sitios maravillosos, de felicidad. Creo que es el momento de que abramos la siguiente y empezarla a cruzar con la misma alegría e ilusión que hemos hecho hasta ahora. ¿No crees Alba?

viernes, 18 de diciembre de 2009

Desde otra mirada

Entender otra religión, otra cultura, saber de otro país, de otra comida, no usar el tenedor, tener otra visión, tecnología, costumbres diferentes.

En esta ciudad no existen las fronteras, ni las distintas razas. Todos somos jóvenes, todos queremos aprender, todos quedamos facinados por igual al ver los edificios que se acumulan en Manhattan, todos usamos el subway, todos nos entendemos (otras veces no), todos hablamos el mismo idioma, todos discutimos, todos tenemos momentos tristes, todos tenemos momentos alegres, todos nos reímos igual, compartimos, sonreímos, escondemos secretos, contamos algunos, tenemos inquietudes, nos arropamos.

Durante estos cuatro meses hemos compartido muchas cosas con gente de otras culturas, gente muy distintas a nosotros. Seguramente desde nuestra pequeña Llagostera nunca nos hubiéramos planteado tener amigos budistas, poligámicos, amantes del yoga, o del heavy metal, poetas koreanos, swahili parlantes, judíos con kipás. Pero esto es New York y la ciudad nos une a todos.

Juntos nos entendemos, nos contamos, nos enseñamos, comprendemos y poco a poco cambiamos nuestra mentalidad. Creo que esta ciudad te transforma, te vuelve más tolerante, comprensivo, más persona.

Hemos compartido con muchos pero no puedo irme de la ciudad sin citar a dos personas, Hiroko y Masato, mis japoneses favoritos. Hiroko es una joven maquilladora profesional. Ha venido a pasar un tiempo para perfeccionar su inglés y reconocer que está abriendo su mente desde que vive en esta ciudad. Vamos juntas a clase y me ha prometido visitarme a Barcelona este persona.

Masato es un poco mayor que nosotras. También es japonés y es cantante de ópera. Pasó dos años en Italia para aprender italiano y poder cantar la Traviata y ahora el gobierno le paga su estancia en la ciudad de los rascacielos. También va con nosotras a clase y suele ser el organizador de las salidas colectivas (normalmente nocturnas).

Ellos dos, son un ejemplo (mi mejor ejemplo) del grupo de personas que me han ayudado a ver la ciudad con otra mirada, verla desde una mirada rasgada.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Una estona de cel

Després d’una jornada plujosa i plena de lliçons que ens serveixen per aprendre un altre idioma, toca tornar a casa… No tindria sentit fer aquesta entrada en cap llengua més que no sigui en català, així que aquells que no m'entenen espero que no m'ho tinguin en compte.

Al carrer 23, creuant amb la 3a avinguda podeu trobar un petit edifici que destaca sobre els altres. No per la seva bellesa ni per les seves dimensions, sino per tot el contrari. En aquesta ciutat la magnitut no impressiona. Al mig d'edificis majuestuosos, de més de 30 plantes i de façanes netes s'amaga, tímidament, una escola de Taekwondo. Respecte i disciplina. Pujant les escales hi ha una col·lecció de sabates dels seus alumnes i, si pugem una mica més, curiosament i trobem una casa. Sovint les mares que esperen a que surti el seu fill es sorprenen en veure que nosaltres encara pujem algun escaló més. Sí, allà és on vivim. Obrint la porta ens trobem amb un gran menjador ple de miralls i varies portes, una d'elles dóna a l'habitacio on hem passat aquests mesos.

Al entrar prenem una decisió, avui tindrem una estona de cel. Baixem les escales ràpidament (intentant no emportar-nos per davant cap sabata), anem a comprar i per un moment ens sentim com si en comptes de al "Joe's trade market" fóssim a Can Madí. Tomàquets de sucar, una barra, pernil, llonganissa, llom, formatge, oli d'oliva i una mica de vi. Tornem contentes i preparem la vetllada. Quimi Portem i Els Pets ens acompanyen durant aquesta estona que ens sentim com a casa. I per uns breus moments una estona de cel, ja no importa el demés una estona de cel. L’Atlàntic no sembla ser un obstacle.

Parlem de la familia, d'en Laits, de les aventures de l'Elena, de la Júlia i en Quimet, de l'Eli, d'en Castelló, de la gent del pub, del puig, del nen de la Belén, de la cuca Feliua, de la feina de la Rama, de l’Eva de patinatge, d'en Jordi Clara, de l'Assumpció Llobet, de les teresines, de “la boda del año”, de l'Arnau i la Rosamary, de l'Estel Ciurana, de Can Llirinós, d’en Montagut i l’Eleina de Ridaura, d'anar un dia a mercat, d'en Josep, de la Lolita, del perdiguer, de la guitarra de l'Agustí, de les gràcies d'en Russi, de la felicitat d’en Jordi Plà,  de Dones d’Arreu, de la crescuda que ha fet la Paula, del glamour la Núria Aluart, d’en Pol, d’en Viñas que és a Madrid, del butlletí, dels amics de la universitat, de la Costa Brava, de Malibú, del Món apart, dels Jovenet, de Can Cassoles, de Llagostera Ràdio, del campanar, d'en Barraman, del carril bici, de l'estació, d’en Grau, d'en Quim del pavelló, del fill de l'alcalde, de l’equip de patinatge, del casal d'art, del casal d'estiu, del xicalicà, dels desmais, del parc de la torre, de les reunions de la fundació Simon de la Simona, de la Montse Masdevall, del mossèn Enric, de les bogeries de la Júlia Turon i la conversa cada cop es torna més animada. L'estona és llarga pero se'ns fa curta, quan ens n'adonem s'ha acabat el pernil. Però aquest temps robat fa tirar endavant fins poder arribar al proper dimarts. I per uns breus moments una estona de cel ja no importa el de més, una estona de cel.

Lara.

Alba.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

el lugar donde la gente es feliz

Jueves por la mañana, New York ha empezado la jornada. Los conductores pitan nerviosos y pisan sus embragues esperando que su semáforo se ponga rojo. Nosotros, tranquilos, contentos y sin encajar con el resto del decorado neoyorkino encendemos la radio de nuestro Ford focus recién alquilado e ignoramos el resto de la ciudad. La voz del GPS empieza a dar sus primeras indicaciones y Johnny Cash empieza a cantar: -All i do is drive drive drive try to stay alive
And keep my mind on my load keep my eye upon the road
I got nothin' in common with any man who's home every day at five
All i do is drive drive drive drive drive drive. No tiene sentido conducir por las carreteras perdidas de Estados Unidos sin escuchar música country. Por suerte, lo sabemos de antemano.

 

Unas horas más tarde nos disponemos a buscar un hotel, estamos en Boston. Apagamos la radio, bajamos del coche y dejamos el equipaje (sorprendentemente ligero) en la habitación. Salimos por la puerta y quedamos asombrados al ver donde nos encontramos. Andamos unos pasos sin decirnos nada, mirando hacia un lado y el otro y finalmente nos disponemos a hablarnos – ¿tomamos alguna foto?.

 

Durante nuestro primer paseo por la ciudad nos cruzamos con mil sonrisas y con unas calles limpias y llenas de edificios elegantes y ordenados. Todo adquiere armonía y la gente de la ciudad parece que baile un vals al pasarnos por delante. Es allí donde nos damos cuenta de que en esta ciudad la gente es realmente feliz y nos unimos a ellos.

 

Los coches paran cuando queremos cruzar, aunque tengan preferencia y cada rincón nos sorprende, todo parece perfecto. Sobretodo el Common Park, que decidimos que tenemos que volver a visitar (de día) al día siguiente. Después de andar sin rumbo por el parque nos encontramos con una pista de patinaje sobre hielo llena de gente. Las sonrisas de todas las generaciones se deslizan y a la vez se mezclan y se cruzan. Nos quedamos a observar. A los 5 minutos vemos a alguien que brilla sobre los demás. Un señor mayor patina como si volara y entre piruetas y pasos de danza no desaprovecha la oportunidad de lucirse en cuanto ve un flash. Al pararse enfrente nuestro se coloca en posición un poco agachado y brazos en jarra y nos dedica una pirueta.

Cenamos, paseamos, tomamos algo y decidimos acostarnos. Mañana seguiremos explorando.

A lo mejor os aburro con tanta perfección pero no veo otra forma de hablar de esta ciudad. Suele llover y un día de sol como el que presenciamos enfatiza el buen humor de sus habitantes. 

Al día siguiente visitamos la ciudad de día (no sin pasar antes por Starbucks a comprar una experiencia) y, al pasar por Common Park, un ardilla se acerca a despedirse de nosotros. Entonces nos damos cuenta de que es hora de irnos con el country a otra parte… Conectamos el GPS y elegimos nuestra próxima destinación. Descansados y contentos nos vamos rumbo a Canadá, acompañados de Charlie Daniela. - Yes it starts right now in (America, America,) I know the sun is risin' on a better day. (America, America,) we got the power and we know the way. (America, America,) well let me say a few words about the Red, White, and Blue. (America, America,) I know you're gonna do it I believe in you.

 

sábado, 24 de octubre de 2009

Aquellas pequeñas cosas

Aquellas pequeñas cosas, la canción que me recuerda a mi madre. Nos reconoció, en un momento sensible, que esta canción de Serrat la hace llorar. No en cualquier momento! solo cuando la escucha de camino al trabajo, en su monovolumen (se escribirá así?) Renault Scenic, sin nadie en el asiento de al lado. No son lágrimas de pena, sino de nostalgia y de felicidad.

 Todos tenemos nuestras pequeñas cosas, nuestros pequeños recuerdos, nuestra pequeña lista que nos da identidad. Siguiendo con mi madre (Merch, Amelie, la madre de Lara Paula y Julia, la esposa de Lluis, la hermana de Pili y Fifi, la tia guay, la pequeña de Amparo, la señorita Merche), os voy a contar otra historia. Hace unos años tuve un momento triste y ella (como haría cualquier madre) me intentó animar. Ella siempre me ha remarcado la importancia que tiene el futuro, pero sobretodo la importancia que tiene el presente. Es verdad que debemos trabajar para conseguir aquello que queremos más adelante pero nunca debemos olvidar que, aunque aquello no llegue, es importante poder mirar atrás y ver que solo el camino ha valido la pena. Así que en aquel momento, mi madre, me dijo que no era una solución estar triste sino que esto me tenía que servir para valorar todo lo que tengo ahora y vivir con intensidad. Así que en lugar de soltar un gran discurso maternal me dio un pequeño libro, “Coses que fan que la vida valgui la pena”. La autora es Maria Mercè Roca, autora catalana compañera de la infancia de mi madre, y el libro relata distintos detalles que construyen su felicidad. Aquel día leí el libro y empecé a valorar.

Hoy, 4 años más tarde, quiero dejar escrita mi lista.

Estar en la cama y que llueva, un helado de chocolate del Dino, que te guste un vestido y encuentres tu talla, encontrarte a alguien de tu pueblo cuando estás lejos, comer paella en casa l’àvia, que pongan “brown eyed girl”, compartir un secreto, un e-mail que no sea un e-mail en cadena, las patatas fritas de Ana, recibir una postal, una tarde de domingo en la Latina, un encuentro en el “Diario de Patricia”, que te espere alguien en el aeropuerto, un buen consejo, pasear por Malasaña, una llamada inesperada, salir antes de trabajar, aprobar un examen, una bañera de agua caliente, un nuevo capítulo de Lost, un beso, escuchar un marujeo, cruzar el puente de Brooklyn de noche, que llegue el verano, una flor el día de Sant Jordi, un abrazo de los que casi te ahogan, reecontrarse con un amigo que hace muchos que no ves, que se acuerden de tu cumpleaños, adornar el árbol de navidad, comprar un billete de avión, dar un regalo, un plato de “escalivada”, preparar una maleta, encontrar una camiseta que pensabas que habías perdido, recibir una sorpresa, que te sirvan una Estrella Damm en un bar de New York, escuchar a alguien hablar catalán, ver fotos que no recordabas ni que tenías, leer el final de un libro, comer regaliz, patinar en el Luna Park, una sonrisa, decir “feliz año nuevo”, el pà amb tomàquet, cantar en un karaoke, recordar momentos de la infancia, que gane el Barça cuando estoy en Madrid, las tardes-noches de carrera en el piso, "Es Pou des Lleó", la cena de noche buena, San Sebastián, ver a alguien tocar el saxo, el momento antes de salir a competir con mi equipo de patinaje, graduarse, un petit suisse de chocolate, ver ganar al Sant Josep, las fiestas del polivalent, los lunes al sol, un partido de baloncesto, un anuncio gracioso, un “quinto” en “l’Enrenou”, observar el cielo, una actuación de Sabina, la tripita de Belen, el color rosa, que se te pongan los pelos de punta, patinar en el Retiro, Williamsburg, una canción de Bom Bom Chip, el atardecer en Central Park, el atardecer en Benirrás, un cuadro de Alba, despertar escuchando Bob Dylan, perderse en la ciudad, tomar el café en la calle 23, una partida de palas en Punta Prima, el sonido del mar.

martes, 13 de octubre de 2009

Carlitos


Este*…

Decir adiós, salir del apartamento y coger el metro dirección Queens (importante: la N o la W que la cosa no funciona con normalidad), bajar a la 30 y andar a mano izquierda hasta la 42, girar a la derecha y ya!

 Allí me encuentro con Carlitos y con la gente que durante las próximas horas trabajará sin parar para darle sentido a su historia. La curiosidad por este mundo desconocido para mi (vivir de cerca un rodaje) me ha llevado a pasar el fin de semana en una casita de Queens, donde un equipo de profesionales muy majos (pana* para ellos) se han encargado de dar forma a una idea que tuvieron 9 meses atrás. Carlitos, el gran protagonista, es un osito de peluche que ha vivido durante años encerrado en una caja. Parece que, cuando finalmente su dueño lo ha reecontrado, él no está muy contento de haber perdido parte de su vida allí dentro y decide (combinando lingotazos de tequila y citas de grandes autores) hacerle la vida imposible.

 Entre cafés, bromas, cables y polvos saca-brillos todo va adquiriendo forma y sus creadores se sienten orgullosos de su trabajo. Y yo también, de poder vivir esta nueva experiencia.

 El padre-fundador de Carlitos, el director Javier Perez-Karam (mente talentosa capaz de definir a “el tamarindo*” como a un fruto parecido a una uva con un toque de Jengibre y mango, cubierto por una especie de cáscara) ha estado acompañado desde el primer momento de sus incondicionales, quienes tambien han dado sentido a toda esa vaina*:

Alex Prokos, compañero de la vida de Javi.

Alejandro Ferrer, conocedor de las noches en Taboo (Madrid) y meteorólogo.

Leonard Zelig, dueño de todo mueble que pueda salir en el rodaje y jugador de futbol.

Roberto Alcázar, persona capaz de hablar sin voz y con eso decirlo todo.

 Sin olvidarnos de la colaboración del recién llegado Luis, de Anabella, de Pilar, de los actores y de la gran ayuda del P.A John, sin el cual el rodaje no hubiera sido posible.

 En fin, gracias por esta nueva experiencia y por mostrarme el patio delantero de vuestra casa y parte del interior. Espero veros de nuevo para que nos podamos acabar de mostrar las flores y también la porquería que esconde el patio trasero.

 Espátula y un boliqueso, digo… un bolibeso!

 *Más aprendizajes adquiridos en el rodaje. 

lunes, 5 de octubre de 2009

Un café con amor

Los encargados de despertarnos cada mañana no son nuestros despertadores, ni el ruido de los coches y ambulancias, sino los trabajadores del quiosco de la calle 23. De camino a la escuela cada día hacemos una parada técnica allí para comprar nuestro café, entramos en boxes y al salir adquirimos otro ritmo, más vitalidad.

Nos conocen. Uno con azúcar otro con sacarina. Siempre mientars esperamos nos contamos la vida, al final todos somos inmigrantes en esta ciudad! Nos encantan vuestros cafés, comentamos, y nos dicen en un inglés con acento marroquí: -Porque están hechos con amor! Nos despedimos con un: -See you tomorrow! Y…

seguimos avanzando. Si no vamos tarde, nos permitimos hacer un pequeño descanso para terminar nuestra bebida amorosa en unas mesas que hay situadas en la 5th avenue, delante del flat Iron Building, a cuatro pasos de mi agencia (me verán desde la ventana?).

Retomamos el camino. Cada vez más despiertas, subimos la fashion avenue, nos quejamos de los turistas que van a paso lento y de los chicos que te intentan convencer en cada esquina de que hagas un tour en autobús, y mientras tanto aceleramos más el paso, ya no vamos tan bien de tiempo.

Pasamos por delante del Madison e inevitablemente siempre tengo que mirar hacia arriba un momento y dedicarle una sonrisa, ya queda  poco para que te vea de dentro pienso.

Nos cruzamos con la ejecutiva que se cambia las bailarinas por tacones, el vendedor de fruta que pasea su carrito, la china del restaurante de la esquina y el señor que trabaja de cartel con patas de Burguer King.

Al llegar a la calle 36 cruzamos. Una vez en la puerta de la escuela siempre es hora punta (las 10!). Hay una larga cola para coger el ascensor. Así que un día más nos toca subir andando los 5 pisos. Llegamos sin casi poder ni respirar... Me despido de Alba y me dirijo a la clase 515. Hi Lara! Me saludan. Me esperan 3 o 4 horas y media de clase (según el día) en la torre de Babel. Así que una vez sentadita y con el libro abierto me toca agradecerle a mis despertadores que un día más hayan hecho bien su trabajo (con amor).