Día 31 de diciembre, hora: las 23.45.
Algunos de mis amigos beben vino y hablan de la vida, otros comentan las nuevas tetas de Sara Carbonero, otros recogen cuatro platos que han quedado en la mesa, y yo (sí sí ya me lo decía mi madre “el burro davant”) y un grupo reducido nos dedicamos a pelar las uvas y a quitar las pepitas. Sí, reconozco ser de este tipo gente que invierte los últimos 10 minutos del año a seguir este maldito ritual.
Así que mientras empiezo mis preparativos, pienso… ¿y por qué uvas?
Hoy en día la wikipedia y los foros te solucionan cualquier duda, así que al buscar la respuesta en foros de internet, veo que no soy la única que me he preguntado que por qué uvas y no algo más fácil como pistachos o lacasitos. Os resuelvo la duda.
Más o menos en el año 1900, unos vinateros catalanes necesitaron deshacerse de un excedente de uvas y se inventaron que si comías una uva para cada mes tendrías buena suerte. Sé lo que estáis pensando, catalanes tenían que ser, pero ya sabéis “la pela es la pela” y no estamos para tirar nada. Si algún día frío demasiadas patatas o me sobra pan y no tengo sitio en el congelador, inventaré una tradición.
Ahora, más de 100 años después, no nos sobran las uvas pero todavía seguimos poniendo nuestra vida en peligro para ponernos 12 en la boca y tragarlas en tiempo record para llegar a decir (todavía con la boca un poco llena)... feliz año nuevo!
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